Una mujer llegó al hospital después de pasar varias semanas con náuseas, vómitos, falta de apetito y un dolor abdominal cada vez más intenso. Los medicamentos habituales para el reflujo no habían funcionado y las primeras imágenes no mostraban una obstrucción intestinal clara.
Cuando los médicos observaron su estómago mediante una endoscopia, encontraron algo inesperado: una gran masa formada por restos de alimentos sin digerir. Era un bezoar gástrico, una especie de bola compacta capaz de permanecer atrapada en el estómago y bloquear la salida de los alimentos.
El equipo podía intentar fragmentarla mediante una endoscopia y, si eso fallaba, recurrir a una operación. Sin embargo, decidió probar primero un tratamiento mucho más sencillo. La paciente recibió aproximadamente 1,5 litros de una bebida de cola dietética bajo supervisión médica.
Al segundo día, sintió una extraña sensación de tirón en el abdomen. Poco después desaparecieron las náuseas y el dolor. Una nueva endoscopia confirmó lo increíble: la masa ya no estaba, convirtiendo esta historia de la medicina en una de las curiosidades de la medicina más remarcables.
Pero la parte más interesante de la historia no es solamente que un refresco funcionara. También lo es descubrir por qué se había formado aquella masa y entender por qué este tratamiento no debe convertirse en un remedio casero.
La paciente que recibió cola dietética como tratamiento
La protagonista de este caso clínico era una mujer de 63 años con diabetes tipo 2 y obesidad. Durante aproximadamente un año había utilizado semaglutida, un medicamento que ayuda a controlar la glucosa y el peso corporal, entre otras acciones, al retrasar el vaciamiento del estómago.
Había perdido alrededor de 18 kilos, pero durante el último mes su descenso de peso se aceleró mientras sufría vómitos, inapetencia y un dolor ardiente que se extendía por la parte superior del abdomen hacia la espalda.
Los médicos consideraron que el retraso del vaciamiento gástrico asociado al medicamento pudo favorecer la acumulación de alimentos. Esto no demuestra que la semaglutida produzca bezoares de manera habitual. Se trata de una complicación poco frecuente y en esta paciente también existían otros factores de riesgo.
El medicamento fue suspendido por el equipo que la atendía. Debido a su diabetes, se eligió una cola sin azúcar. Además, como a la mujer no le gustaban las bebidas gaseosas, recibió una cantidad menor que la empleada en algunos casos anteriores. El tratamiento fue controlado dentro del hospital y su resultado se comprobó con una segunda endoscopia.
¿Qué es un fitobezoar?
Un bezoar es una acumulación compacta de materiales que el aparato digestivo no logra procesar o expulsar. Suele formarse en el estómago, aunque también puede desplazarse hacia el intestino.
El fitobezoar es el tipo más frecuente y contiene restos vegetales difíciles de digerir, como fibras, pieles, semillas, celulosa y lignina. Algunos se relacionan con alimentos ricos en fibras resistentes, especialmente caquis, apio, pasas, calabaza o piña. Los formados por caquis, conocidos como diospiróbezoares, pueden adquirir una consistencia particularmente dura.
No todos los bezoares están hechos de alimentos. Los tricobezoares contienen cabello; los farmacobezoares se forman por la acumulación de ciertos medicamentos y los lactobezoares contienen proteínas de la leche, generalmente en bebés.
Esta diferencia es fundamental, porque la cola no sirve para disolver cualquier masa presente en el estómago.
¿Por qué se forman estas masas?
En una persona sana, el estómago mezcla los alimentos y los envía gradualmente hacia el intestino delgado. Cuando este movimiento se hace demasiado lento, algunos materiales pueden permanecer allí durante más tiempo, unirse y endurecerse.
La diabetes, la gastroparesia, determinadas operaciones gástricas, una masticación deficiente y algunos medicamentos pueden aumentar el riesgo. También puede influir el consumo excesivo de ciertos alimentos fibrosos cuando existe un problema previo de movilidad digestiva.
Los síntomas no siempre aparecen de inmediato. Una persona puede sentir saciedad después de comer muy poco, pérdida de apetito, hinchazón, dolor abdominal, náuseas, vómitos o una disminución de peso sin explicación. En los casos más graves, el bezoar puede causar úlceras, sangrado, perforación u obstrucción intestinal.
Los bezoares fueron considerados antídotos durante siglos
La historia de los bezoares es tan sorprendente como su tratamiento con cola. Su nombre procede de antiguos términos persas y árabes relacionados con la idea de un “antídoto” o “contraveneno”.
Durante siglos, las masas encontradas en el estómago de cabras, ciervos y otros animales fueron consideradas objetos medicinales. En la Europa medieval llegaron a valer más que el oro. Algunas se guardaban en recipientes decorados con joyas y otras se colocaban dentro de copas porque se creía que podían neutralizar cualquier veneno.
Aquella creencia comenzó a derrumbarse en el siglo XVI, cuando el cirujano francés Ambroise Paré realizó un cruel experimento con un prisionero condenado a muerte. El supuesto antídoto no logró salvarlo. Con el paso del tiempo, la medicina dejó de considerar al bezoar una cura universal y comenzó a reconocerlo como un posible problema digestivo.
La ironía es notable: una masa que antiguamente se utilizaba como medicamento ahora es una enfermedad, mientras que una bebida considerada poco saludable puede actuar como tratamiento.
¿Cómo puede una bebida de cola disolver un fitobezoar?
El mecanismo exacto todavía no está completamente aclarado. La explicación más aceptada combina varios efectos.
La bebida posee una elevada acidez por la presencia de ácido carbónico y ácido fosfórico. Ese ambiente ácido podría ayudar a debilitar algunas fibras vegetales. Al mismo tiempo, las burbujas de dióxido de carbono pueden penetrar en los pequeños espacios de la masa y favorecer su fragmentación.
El líquido también empapa y ablanda el fitobezoar. En ocasiones no lo hace desaparecer por completo, pero lo vuelve más blando y facilita que el médico pueda romperlo o retirarlo mediante una endoscopia.
El caso de la paciente diabética también indica que el azúcar probablemente no sea el elemento fundamental, ya que se utilizó una versión dietética. Sin embargo, un solo caso no permite conocer con precisión qué ingrediente produce el efecto.
¿Qué dicen realmente los estudios?
La evidencia más citada procede de una revisión publicada en 2013. Los investigadores reunieron 24 trabajos que incluían a 46 pacientes adultos tratados inicialmente con Coca-Cola.
La bebida consiguió disolver por completo el fitobezoar sin otro procedimiento en el 50 % de los casos. En muchos de los pacientes restantes, la masa se ablandó lo suficiente como para completar el tratamiento mediante fragmentación endoscópica. Al combinar ambas estrategias, la resolución superó el 90 %. Solo una pequeña parte necesitó cirugía.
Existe un detalle que suele desaparecer en las publicaciones virales: ese 90 % no significa que la cola disuelva por sí sola nueve de cada diez bezoares. La tasa de éxito incluye a los pacientes que posteriormente necesitaron una intervención endoscópica.
Además, la evidencia procede principalmente de casos individuales y estudios pequeños, no de grandes ensayos clínicos. Los autores reconocieron que los resultados positivos podían estar sobrerrepresentados. Por eso se trata de una alternativa utilizada en pacientes cuidadosamente seleccionados, no de una cura garantizada.
Por qué nadie debería intentarlo en casa
Beber grandes cantidades de cola ante un dolor abdominal puede retrasar el diagnóstico de una enfermedad grave. Sin una endoscopia o una evaluación médica, es imposible saber si existe un fitobezoar, otro tipo de masa, una úlcera, una obstrucción intestinal o una inflamación del páncreas.
La fragmentación incompleta también puede generar un problema. Algunos trozos podrían desplazarse y quedar atrapados en el intestino, provocando una obstrucción que necesite cirugía. Además, consumir varios litros de una bebida azucarada o con gas puede resultar peligroso para ciertas personas con diabetes, enfermedad renal, reflujo u otros problemas de salud.
El manejo médico de los bezoares depende de su tamaño, composición, ubicación y de la situación clínica del paciente. Algunos pueden disolverse, otros deben retirarse mediante endoscopia y los casos complicados requieren cirugía.
Una lección sobre el verdadero significado de un tratamiento
Este caso no convierte a la Coca-Cola en una bebida saludable ni en un medicamento para el dolor de estómago. Su utilidad apareció en una situación muy concreta, con una cantidad determinada, después de confirmar el diagnóstico y bajo vigilancia profesional.
Las bebidas azucaradas siguen estando relacionadas con problemas metabólicos cuando se consumen con frecuencia. Su acidez también puede contribuir al desgaste del esmalte dental. Que una sustancia tenga una aplicación médica puntual no significa que sea recomendable para todos los días.
Esa es, quizá, la gran enseñanza de esta historia. En medicina, una sustancia no es buena o mala de manera absoluta. Todo depende del paciente, la dosis, el momento y el objetivo. A veces, el contenido de una botella común puede evitar un procedimiento invasivo. Pero solamente cuando el conocimiento científico, y no la improvisación, decide cómo utilizarla.








